La inteligencia artificial no está reñida con la gestión ética de los datos

Transparencia, veracidad, exactitud, privacidad y responsabilidad son parámetros que definen la estrategia para conseguir una gestión correcta de los datos.




En los últimos 20 años, la capacidad de recopilar, almacenar y procesar datos por parte de usuarios y organizaciones ha aumentado de forma espectacular. Existen nuevas herramientas que ayudan a automatizar procesos, aprender cosas que antes no se podían ver, reconocer patrones y predecir lo que es probable que ocurra. De ahí que el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la gestión de los Recursos Humanos se ha visto como un paso más para agilizar procesos, maximizar el rendimiento y, en definitiva, incrementar las expectativas de negocio.


ADP, empresa líder a nivel mundial en el uso de la tecnología para la gestión del Capital Humano (HCM), identifica 5 principios a tener en cuenta para definir una estrategia sólida de gestión ética de los datos e Inteligencia Artificial para los procesos de Recursos Humanos: Transparencia, veracidad, exactitud, privacidad y responsabilidad.



“El uso ético de los datos y los algoritmos significa trabajar para hacer lo correcto en el diseño, la funcionalidad y el uso de los datos en la Inteligencia Artificial. Es evaluar cómo se utilizan los datos y para qué se utilizan, considerar quién tiene y debería tener acceso, y anticipar cómo se podrían utilizar los datos de forma indebida. Significa pensar qué datos deben y no deben conectarse con otros datos y cómo almacenarlos, moverlos y utilizarlos de forma segura. Las consideraciones sobre el uso ético incluyen la privacidad, la parcialidad, la accesibilidad, la información personal identificable, el cifrado y los requisitos y restricciones legales”.


Bárbara Gómez, directora de BPI & Service Excellence para el sur de Europa de ADP.

Las herramientas basadas en los datos y la IA están cambiando las organizaciones y la forma en la que se trabaja, pero es importante no llegar a conclusiones incorrectas a partir de los datos, amplificar los sesgos o confiar en las opiniones o predicciones de la IA sin conocer a fondo en qué se basan.


A medida que las organizaciones sigan desarrollando sus propias prácticas éticas internas y los países continúen estableciendo nuevos requisitos legales más concretos, se podrán determinar unas normas y bases legales más específicas para el uso ético de los datos y la IA.

“El modo y la cantidad de información que circula a través de nuevas herramientas como la IA supone un reto con el que todas las organizaciones tienen que lidiar. La ética de los datos implica plantearse preguntas difíciles sobre los posibles riesgos y consecuencias para las personas sobre las que versan los datos y las organizaciones que los utilizan”.


Bárbara Gómez, directora de BPI & Service Excellence para el sur de Europa de ADP.


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Sobre ADP (NASDAQ – ADP)

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